martes, 24 de febrero de 2015

Por los que ya no están

Esta entrada va por aquellas personas que sin pretender serlo han podido llegar a ser parte de nosotros. Esas personas que un mal día nos dejaron pero que no se han ido de nuestra alma.
Esas personas que nos han hecho reír y llorar, nos han enseñado tanto y no han pedido nada a cambio.
Esas personas que fueron queridas y serán recordadas.
Esas personas que nos protegen y nos observan donde quiera que estén.
Esas personas que inspiraron, inspiran e inspirarán líneas como éstas, vírgenes y frágiles, pero llenas de significado y emoción para los que las escriben.
Y por último esas personas a las que no se les podría agradecer todo lo que han hecho ni con todas las palabras que ha dado la humanidad.

Has vencido a la muerte porque nunca te olvidaré.

Hasta siempre Woody.

jueves, 19 de febrero de 2015

El necio y el malvado

En esta entrada propongo la diferencia, que ya propuso Anatole France en su día y luego adoptaría José Ortega y Gasset, entre necedad y maldad. Pensad en el típico matón de instituto o grupo de gamberros que se mete con la gente que considera diferente y, por tanto, inferior. Pues bien ese tipo de personas sólo derrochan patetismo y necedad. Pueden parecer crueles a simple vista pero no son más que estúpidos que no ven las consecuencias de sus actos hasta que es demasiado tarde. Es por ello que nunca descansan. El malvado, por su parte, también hará daño pero es mucho más inteligente que el necio porque cuando ve que está jugando con fuego para antes de quemarse. La maldad para mí es incluso admirable, en cierto modo y hasta cierto punto. Después de todo los estereotipos de nuestra sociedad no hacen más que afirmar que hay que evitar el mal para abrazar el bien. Pero ¿qué es el bien y qué es el mal? ¿No se puede llegar a la necedad también por el bien?

martes, 17 de febrero de 2015

Another

Título: Another
Título original: アナザー (Anazā)
País: Japón
Director: Tsutomu Mizushima
Estudio: P.A. Works
Idioma: japonés
Año: 2012 (Basado en la novela homónima de Ayatsuji Yukito del año 2009).
Episodios: 12+1 (12 capítulos normales más la OVA; no es por la superstición).
Accesible en: You Tube, entre otros, con subtítulos en español.
Género: Tragedia, Misterio, Gore.

Sinopsis

Yomiyama, un pequeño pueblo de Japón, es a primera vista un lugar tranquilo y agradable en el que nunca pasa nada. Sin embargo, hubo un suceso en 1972 que desencadenó lo que vendría a ser (¿por qué no llamarlo así) una serie de catastróficas desdichas. Un estudiante llamado Misaki Yomiyama murió de repente en un incendio sumiendo en un gran vacío a todos cuantos conocía. Era inteligente, amable y popular por lo que sus compañeros de clase, e incluso los profesores fingieron que no había muerto hasta la graduación. Cuando sacaron la foto de la graduación descubrieron que había una persona más en aquella foto: el propio Misaki. Años después empezaron a suceder terribles calamidades en la clase 3-3 de aquella escuela (la clase de Misaki). La gente empezaba a morir cada mes misteriosamente y de forma brutal. Cualquier persona relacionada con esa clase estaba en peligro: estudiantes, profesores y la familia directa de estos. A aquella oleada de muertes se la empezó a conocer como "calamidad" y nadie sabía como detenerla.

sábado, 14 de febrero de 2015

Hasta mañana

Cierto día iba caminando un mercader por un bosque hacia la ciudad para vender su género, cuando se encontró a una anciana leyéndole la mano a una mujer. La mujer la miraba fijamente y no podía parar de gritar de alegría. Cuando hubo terminado se dirigió hacia el hombre entonando una frase melódicamente: "¡Voy a ser madre!", "¡Voy a ser madre!". El comerciante la llamó y la mujer se detuvo sorprendida tras haber estado enfrascada en su fantasía. Entonces le preguntó qué es lo que había pasado. La mujer pletórica le respondió: "Verá caballero, esa amable anciana se ha ofrecido para leerme la mano sin tener que darle nada a cambio; y según ella... ¡No tardaré en ser madre! La verdad es que no he tenido mucha suerte en el amor, así que no puedo evitar sentirme tan feliz. Tenga usted un buen día". Dicho esto se fue brincando y llena de emoción mientras continuaba con su cantinela. A la vista estaba que no había sido mujer de muchos amoríos debido a la ganchuda nariz de urraca y a los inconmensurables dientes de liebre silvestre que llevaba. El mercader no pudo evitar proferir una leve carcajada a costa de la que a su parecer era una mujer de lo más crédula.
Tras este peculiar encuentro prosiguió su marcha ignorando los enormes ojos de la decrépita mujer que lo observaban sin pestañear. Cuando ya se disponía a cruzar el bosque la desgastada voz de la señora lo detuvo: "Valeroso mercader, ¿no le gustaría saber qué le depara el día de hoy? Con estos ojos que Dios me ha dado, podría decírselo de buen grado". El hombre decidió detener su jumento, en el que llevaba toda su mercancía, y entabló una conversación con la anciana dispuesto a reírse un poco a su costa.
- Lo siento mucho señora pero yo no creo en esas cosas...
- ¿Por qué no? ¿Es que acaso no hay hombre en el mundo que no quiera saber lo que le depara el día de mañana? - inquirió la pitonisa.
- Pues yo mismo señora.
- Vaya... Es la típica respuesta del hombre al que la vida lo ha tratado muy mal. Supongo que a los derrotistas no les gusta saber que el día de hoy va a ser peor que el de ayer... Ya lo tendrán asumido.
- ¡Cállese señora, por favor, y deje en paz a la gente de bien! - respondió el comerciante ofendido.
- Veo que he dado en el clavo ¿no es así? -dijo la anciana con sorna.
De esta forma, la mujer fue poco a poco ganando terreno en la mente del mercader que finalmente accedió a que le leyera la mano. Entonces la mujer, reticente, le señaló un cartel a sus pies que el mercader habría jurado no haber visto antes. En él decía lo siguiente: "Hoy se paga, mañana no". El mercader consciente de que había caído en el juego de la adivina, supuso que la mujer que había visto antes tendría que haberle pagado el día anterior, para haberle leído el futuro hace un momento sin tener que pagar. Vista la situación decidió resignarse y pagar lo que la mujer le pidiera. Ésta, ni corta ni perezosa, le hizo apoquinar cinco monedas de oro, una auténtica fortuna en aquellos tiempos. Para él constituían prácticamente los ingresos del día pero tuvo que pagar a regañadientes. Si se propagaba el rumor de que había pretendido aprovecharse de la vieja pecando de avaricia, nunca nadie le compraría nada.