domingo, 22 de marzo de 2015

"Ancora imparo" y el conocimiento insondable

"Ancora imparo" ("todavía aprendo"). Ésas fueron las palabras que profirió Miguel Ángel Buonarroti, el artista del Renacimiento por excelencia, a los 87 años de edad; cuando tenía a sus espaldas una trayectoria artística inconmensurable que incluía los frescos de la Capilla Sixtina, el David, la Basílica de San Pedro y las tumbas de los Médici entre otras muchas genialidades del Renacimiento. Incluso cultivó la literatura con una obra poética algo fecunda.

El abrumador Juicio Final
La Piedad, otra de sus obras insignia




















Sin embargo, volviendo a lo que nos ocupa, si un artista que dejó obnubilada y postrada a sus pies a toda Roma ante su devastador Juicio Final, no acepta que le echen flores porque todavía está aprendiendo ¿en qué lugar nos deja al resto del mundo? ¿A qué podemos aspirar como simples habitantes de un mundo que se niega a revelarnos sus infinitos secretos? ¿Por qué es el genio el que calla su sabiduría y el tonto el que pregona su ignorancia?
Quizá en eso radique después de todo la sabiduría: en ser consciente de que no se puede saber todo. No se puede presumir de saber si ese saber es un grano de arena en el desierto.

Grabado realizado en sus últimos años de vida
Y lo cierto es que no es una excentricidad de un genio loco el ser humilde e incluso infravalorar, si se me permite, un talento como no hay otro. El propio Sócrates fue uno de los que acuñó la idea de que somos más conscientes de nuestra ignorancia a medida que aprendemos (el célebre "sólo sé que nada sé"). Si avanzamos en la historia hasta una época más cercana a la actualidad tenemos a Francisco de Goya, un portento de la pintura española. Pues bien, el propio Goya en una de sus obras más maduras hace alusión a este tópico. Se trata de un grabado de un anciano barbudo que se mantiene en pie gracias a dos bastones, y que camina de la oscuridad a la luz bajo el título Aún aprendo.

Aunque podría dar más ejemplos ya ha quedado patente que los genios más grandes son los únicos que son conscientes de sus propios "límites" y los que asumen que nunca se sabe lo suficiente. Que siempre hay que estar dispuesto a aprender. Que no somos meros cascarones sin sustancia.

Pero mucho me temo que toda esta reflexión pueda temblar si introducimos un concepto con el que la sabiduría chirría frecuentemente: la felicidad. Y aquí viene la pregunta del millón: ¿Se puede ser feliz y sabio a la vez? Muchos afirman que sí pero ¿realmente se sabe lo que es la felicidad? Ante la duda recurramos a la "sagrada" RAE:

felicidad.

(Del lat. felicĭtas, -ātis).

1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.

2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo

3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad



Una definición un poco parca si se me permite. Estar contento y estar feliz no es lo mismo... Pero para no irnos por las ramas vamos a centrarnos en la primera acepción, según la cual, la posesión de un bien puede darnos la felicidad. ¿Qué tipo de bien? ¿Tangible o intangible? Porque si es tangible, Platón se retorcería en su tumba... ¿También se entiende por bien la sabiduría? Porque entonces eso daría la razón a los que creen que se puede ser feliz y sabio a la vez.  Recurramos una vez más a los genios antes mencionados.


Las Tumbas de los Médici, con la máscara bajo la mujer

Según biógrafos como Giorgio Vasari, en su obra Las vidas, Miguel Ángel era irascible, terco, violento y de temperamento agresivo. Se ha hablado de la terribilità miguelangelesca, pero no se refiere sólo a su obra sino a su terrible personalidad. Siempre estaba lleno de desprecio hacia sus rivales y dispuesto a burlarse de ellos, más de una vez tuvo alguna trifulca. Un ejemplo es la que tuvo con Pietro Torrigiano, que de un puñetazo le dejó la nariz achatada de por vida. Asimismo, él era neoplatónico por lo que estaba convencido de la existencia de Dios, del cielo, de lo místico y de que se podía llegar a Dios a través de la vía activa y la contemplativa. Como curiosidad se le ha asociado con el simbolismo de la máscara (larva en latín así como fantasma o espectro) como la que se encuentra en las Tumbas de los Médici. Mediante este término (larva) hacia referencia a la fealdad y imperfección que él era en vida y la belleza que alcanzaría en la otra vida (mariposa). Una reflexión fascinante.
Saturno devorando a sus hijos
En cuanto a Goya no hay más que ver lo desgraciados que fueron los años en los que se confinó en la Quinta del Sordo para crear su producción más oscura y tétrica: las Pinturas negras. Desengañado ante una horrible realidad asolada por la guerra, que ya plasmó en sus Desastres de la guerra, ¿qué esperanzas le pueden quedar a Goya de cambiarla? El grabado que antes mencionaba, es posible que sea una metáfora de la humildad de un sabio. Pero también es una metáfora de la inexorable muerte que lo acecha y lo tortura. Porque sabe que cualquier día dejará de aprender.

Por todo ello, ¿es posible alcanzar una sabiduría que te permita al mismo tiempo ser feliz? ¿O es preferible la ignorancia?
¿Nunca os habéis imaginado confinados en una biblioteca llena de libros que nunca vais a leer, películas que nunca vais a ver, o conocimiento que nunca vais a adquirir? Esa biblioteca abre unas feroces y fantasmales mandíbulas y te devora. Y nada quedará de ti...
Es posible que nos sintamos abrumados por esta realidad pero no podemos dejar de ser conscientes de ella. Es entonces cuando caemos en la ignorancia. Y aunque no nos demos cuenta, ese vacío es muchísimo más oscuro que cualquier consciencia. No conozco todas las respuestas. De hecho, nadie las conoce. Y por eso, solamente puedo decir "Ancora imparo".

2 comentarios:

  1. Alquimista guapo!!
    Me seduces escribiendo
    Eres un tío bueno
    Estoy muy enamorada
    P.d. Los trabubus amamos tus textos

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