sábado, 27 de febrero de 2016

Dos lápices, un relato XLVIII

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


- Tenemos muchas cosas que hacer y no demasiado tiempo. Todo debe estar listo para el ritual de medianoche. Sí... Los malditos cuentos de los Hermanos Grimm han hecho que esto resulte predecible... - continuó Madre de forma sarcástica.
- Ssssssí... Cuanto antessss acabemossss con todo essssto antessss podrássss cumplir tu parte del trato... - respondió Grace con una mezcla de advertencia y reproche.
- Tranquila. No lo he olvidado. Hermanos y hermanas, conjuremos el círculo teletransportador. Volvemos a casa.

En este punto uno de los hombres de la sala cogió a Evelyn y la amarró entre sus brazos. Fue muy fácil... Ni siquiera pudo resistirse. Estaba demasiado abrumada por todo lo que había pasado. Mientras tanto, Madre, las otras dos mujeres y el otro hombre, se pusieron en círculo y empezaron a rezar en una lengua ininteligible. El círculo a sus pies empezó a dibujarse y a brillar misteriosamente.


...


James, apurado, corría "escaleras" arriba sorteando los innumerables obstáculos y desprendimientos que se encontró. Sin embargo, no vio una roca que se desprendió sobre él... Pero alguien lo empujó justo a tiempo para salvarse. Era Helena.
- ¿Pensabas que te iba a dejar hacerte el héroe tú solito? ¡Vamos!
James sonrió y la siguió.

...

Gunther contemplaba el triunfo de Madre con una mezcla de regocijo y remordimiento. Regocijo porque si ella triunfaba volvería a ver a Saúl. Remordimiento porque no sabía si quería hacerlo a ese precio. Sin embargo, cuál fue su sorpresa al preguntarle a Madre sobre su trato:
- ¿Qué trato? No recuerdo haberte prometido nada... Traicionaste a tu amiga por amor al arte. Y te lo agradezco, pero confórmate con eso - dijo entre carcajadas.
Gunther, enfurecido se abalanzó sobre ella pero el hombre que no llevaba a Evelyn lo rechazó de una patada en el estómago. Gunther rompió a llorar.
- No te ensañes con él. No merece la pena. Vámonos - se giró hacia Grace que miraba a Gunther con duda - Vamos, querida.
Todos se acercaron al círculo, que estaba iluminado por una intensa luz violeta. El brillo se intensificó aún más y después desaparecieron.

sábado, 13 de febrero de 2016

Dos lápices, un relato XLVI

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!



El señor Leichter apareció con una brigada de hombres todos vestidos con buzo y equipados con un lanzallamas. Apartaron a la gente que había salido y procedieron a achicharrar a las larvas y bichejos que infestaban la calle. Los que se estaban hospedando en la ropa y la piel del resto, viendo cuál era el destino de sus hermanas se desprendieron de ellas y se fueron entre chillidos. A continuación dirigieron el calor hacia la gigantesca bestia, la cual viendo el peligro huyó en seguida por el subsuelo. Parecía ser que el enemigo les había dado una tregua... Pero que se lo dijeran a Evelyn.

... 


Cuando ya creía que era suficiente, Evelyn se llevó otra sorpresa.
- Hija mía, no sabes lo difícil que ha sido reunir a tres familias de la oscuridad en una misma sala. Es un momento clave en la historia de nuestra raza... Pero he de admitir que no podría haberlo conseguido sin la inestimable ayuda de dos individuos a los que conoces muy bien.

Al instante apareció, para su decepción, Gunther. 
- Gracias a este chico despechado te tengo a mi merced, sí... Pero sin la inestimable colaboración de alguien más, nunca habríamos conseguido reunirnos. Los agentes de la luz hicieron todo lo posible por entorpecernos, pero no contaban con que tenían un traidor entre sus filas. O traidora en este caso...

De todos los recovecos de las sala comenzaron a oírse sonidos sibilantes. "Eses" en susurros. A Evelyn le era demasiado familiar pero no quería creerlo. La temperatura de la sala bajó diez grados y ante sus ojos se materializó ella. Grace.

sábado, 6 de febrero de 2016

Dos lápices, un relato XLIV

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Es un poco más larga de lo normal pero no creo que importe. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!



La joven estuvo golpeando la puerta y gritando durante unos cuantos minutos sin obtener ningún resultado. Sólo oía risas y susurros. Sabía que alguien estaba ahí con ella pero se negaba a admitirlo. Tenía demasiado miedo y estaba sola. 

...

James y Helena habían conseguido evacuar el edificio y ayudaron a Leichter y al resto de responsables a salir. Estaban preocupados por Evelyn y Gunther... Eran los únicos que no habían conseguido salir. Pero poco tiempo tuvieron para preocuparse porque la enorme bestia que había atacado las instalaciones emergió de las profundidades del cielo, desprendiéndose de los insectos y pestilencias que la formaban. La histeria se desató: los bichos se aferraban a ellos que hacían todo lo posible para sacudírselos de encima. Daba igual cuantos pisaran; salían muchos más. Del fondo de la garganta de la bestia surgió un grito gutural y terrorífico.


...

Evelyn no podía más. Estaba harta de tener miedo, de ser tan frágil y de tener que depender siempre de alguien. Tenía que dejar de esconder la cabeza. Era muy probable que el resto estuvieran en problemas y necesitaran su ayuda. Decidió hacer frente a sus miedos y gritó:
- ¡¿Quién anda ahí?! ¡Muéstrate!
Se oyeron aplausos.
- Vaaaaaaya vaaaaya, hija no estaba tan orgullosa de ti desde que decidiste dejar de dormir con la luz encendida.
Era su madre, por supuesto. La llama de su cabeza era absolutamente negra. Evelyn iba a hablar pero ella la interrumpió.
- Antes de que hables, mi niña, tengo que darte unas cuantas sorpresas. Hoy estamos de celebración. ¿Y qué mejor forma de celebrar que junto a la familia?
De las cuatro esquinas de la sala desnuda aparecieron dos hombres y dos mujeres vestidos completamente de negro. Tenían todos algo muy en común con su madre. Algo que aterrorizó a la chica: cuatro sepulcrales y oscuras llamas sobre sus cabezas que se balanceaban, tétricas.