sábado, 19 de marzo de 2016

Dos lápices, un relato LIV

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Efectivamente. Podía. Pero todo el mundo merecía que le pusieran la otra mejilla. Que le dieran una segunda oportunidad. O al menos así lo pensó Leichter. Además él era el que más conocía del enemigo y su ayuda podría ser de gran utilidad. Lo mantendrían vigilado y ya está. Pero lo importante es que ya tenían el libro.

Efectivamente. Era. El círculo que habían trazado los oscuros. Las mismas runas, los mismos símbolos. Estaba todo. Y a modo de pie de página se podía leer la oración que formularon para abrirlo. Gunther la reconoció. Sin embargo, hacían falta ciertas condiciones para conjurarlo. Condiciones que a priori no cumplían. Pero tendría que tener alguna solución ¿no?

Efectivamente. La tenía. Los círculos que describia el libro eran llamados giroportales y parecían tener una especie de conexión. Cada mundo paralelo tenía su propio giroportal y sólo podía comunicarse con uno de otro mundo. Nunca con más. Eso significaba que la Tierra sólo podía comunicarse con la dimensión de los oscuros. Para ello, el libro decía claramente que era necesario utilizar un objeto de la persona que había conjurado el  portal original. ese objeto hacía de vínculo entre los dos mundos. Y por suerte, tenían ese objeto: en la casa de Evelyn tenía que haber algo de su madre que pudieran utilizar.

Y efectivamente. Lo había. 

sábado, 12 de marzo de 2016

Dos lápices, un relato LII

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Gunther estaba encerrado en la sala de castigo del colegio. Qué apropiado... Estaba pensando en sus cosas cuando, de repente, sonó el ruido de la llave abriendo la puerta y entró Helena. Sabía que Gunther no se mostraba con ella como con el resto. Que tenían una relación especial. No quería traicionar esa relación pero necesitaba utilizarla para saber dónde podía estar Evelyn. Sin embargo, no logró sacar nada en claro:

- Lo siento... Pero no puedo... -  le dijo.
- Tú mismo. Pero que sepas que eres igual de importante aquí que el resto. Evelyn te necesita, y yo también.
Se dirigía hacia la puerta cuando la voz de Gunther la detuvo.
- De acuerdo. Te diré lo que sé. Que no es mucho... Al parecer, para poder teletransportarse, trazaron un círculo mágico. Y yo vi ese círculo en un libro de la biblioteca hace años...
Gunther adoraba leer y se pasaba horas en la biblioteca leyendo todo lo que podía tener algo que ver con el ocultismo y los poderes mágicos. Parecía que había nacido para ser agente.
- ¡Pero eso es perfecto! ¿Sabrías decirnos cómo es el libro para que podamos ir a buscarlo?
- No... No quiero que vayan ellos. Quiero que vayamos nosotros. Tú y yo solos. Es lo único que te pido.
Helena dudaba pero no le quedaba otro remedio si querían encontrar a Evelyn. Además estar con Gunther no la incomodaba. Aprovechando el cambio de guardia salieron de la sala de castigo y descendieron las escaleras hasta llegar a la puerta de la biblioteca. ¿Quién les iba a decir que dentro de esa sala se encontraba su única esperanza de salvar a su amiga? Sin pensar en ello un segundo más, abrieron la puerta.

viernes, 11 de marzo de 2016

El bosque de los suicidios


Título: En la casa
Título original: The Forest
País: Estados Unidos
Director: Jason Zada
Guión: Nick Antosca, Sarah Cornwell, David S. Goyer, Ben Ketai
Productora: Gramercy Pictures / Lava Bear Films
Reparto: Natalie DormerTaylor KinneyYukiyoshi OzawaEoin MackenRina TakasakiKikuo IchikawaNoriko SakuraYûho YamashitaStephanie VogtJames Owen,Nadja MazalicaTerry Diab
Género: Terror, Thriller
Música: Bear McCreary
Duración: 93 min.
Calificación: No recomendada a menores de 16 años




Sinopsis

Convencida de que su hermana gemela aún está viva, Sara (Natalie Dormer) cruza el océano en su busca. La joven ha desaparecido misteriosamente en el legendario bosque Aokigahara, situado en la falda del Monte Fuji en Japón, un lugar en el que existen extrañas creencias ya que la gente suele acudir allí para suicidarse.

A pesar de las advertencias de todo el mundo para que no entre en el bosque, Sara acaba adentrándose en este lugar mágico y misterioso, decidida a descubrir la verdad sobre lo sucedido y cuál fue el destino de su hermana, con la que Sara tiene un lazo emocional muy profundo. Al hacerlo se enfrentará a las almas atormentadas de aquellos que han muerto en este lugar y que asedian a todo aquel que deambule por el bosque.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Humanismo machadiano

¡Buenas! Sé que hace meses que no cambio la frase del mes y que tengo la sección bastante olvidada, pero aquí traigo una serie de frases maravillosas de Antonio Machado.

"Donde haya un hombre, nos dice el Cristo, ahí esta la humanidad entera." (de un discurso Sobre literatura rusa, de 1922)
"Por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre." (Juan de Mairena)
"El que no habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre no habla a nadie." (Juan de Mairena)
"Pureza, bien; pero no demasiada, porque somos esencialmente impuros." (Juan de Mairena)
"Poca cosa es el hombre y, sin embargo, mirad vosotros si encontráis algo que sea más que el hombre, algo sobre todo, que aspire como el hombre a ser más de lo que es." (Juan de Mairena)
"Para nosotros, difundir y defender la cultura son una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante." (Juan de Mairena)

domingo, 6 de marzo de 2016

Los hombres no lloran

Los niños jugaban en el pueblo. Chillidos e insultos detrás del esférico. Faltas, sobras, maratones, moratones y heridas en polvo. Y pobres rodillas... Acariciaban el suelo, y a cambio recibían el beso de las piedras, incapaces de corresponderles. Que ya no sienten.

Pero él no jugaba. Él sólo se quedaba mirando. No le gustaba el juego pero se quedaba mirando. ¿Qué le iba a hacer si a los demás niños les gustaba jugar donde a él le gustaba mirar? Siempre llegaba antes para coger sitio. El vetusto corpiño de un vetusto sauce era su asiento. Se pasaba vidas observando el horizonte con su cómplice, hieráticos los dos. Hasta que se ponía el sol.  Duermevela de colores que teñía de fuego las níveas canas de las adultas montañas. Las danzantes sombras de los niños se fusionaban y dejaban paso a la quietud. Seguían jugando. Pero él miraba. Miraban y veían, uno con sus lágrimas caducas, el otro con sus hojas cristalinas, llorones los dos. Cortina de melancolía. Los niños camuflaron su envidia escupiéndole su glauca bilis. "¡Nenaza!" le decían. "Los hombres no lloran" sentenciaban. Huyó a su casa, hecho agua; estaba perdido.

Su madre preparaba la cena. "Los hombres no lloran". Su padre y su hermano volvían de faenar. "Los hombres no lloran". Su abuelo, pedernal de posguerra, lo miró con desprecio. "¡Los hombres no lloran!" Su puño de hierro en su carita.

Pasaron varios otoños. El sauce lloraba solo. Pero lloraba al menos. Y un día volvió. Gracias, nostalgia. Dudó, pero al final se sentó bajo el árbol. Ya no había niños jugando, sino un escandaloso silencio. Como venía siendo costumbre esperó hasta que volvió la ya olvidada puesta de sol. Las doradas lágrimas del sauce comenzaron a caer, pero él no podía. Sus ojos estaban secos. Secos de decepción. Ya no... Ya era mayor para chiquilladas... De repente, unas palabras columpiadas por el aire encontraron su mirada: "Eres demasiado joven para decepcionarte". Las piedras lloraban de impotencia. Incluso el cielo lloraba, misericorde. Y él lloró hasta que se volvió todo agua.


sábado, 5 de marzo de 2016

Dos lápices, un relato L

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. ¡Ya es la número 50! Nadie pensaba que esto fuera a durar tanto... Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Grace miraba el horizonte apoyada sobre el alféizar de la ventana. Gris, como ella. Ella era consciente que estaba contribuyendo a que algo horrible ocurriera, pero ¿por qué no podía ser egoísta por una vez en su vida? Permitidme que os cuente su historia para que podáis comprenderla un poco mejor...

Durante eones, la familia de Grace había recibido la tarea de mantener el equilibrio entre la oscuridad y la luz. Esta "raza", a cambio recibía la inmortalidad. Los antepasados de Grace hicieron una gran labor pero pagaron el precio más alto. A medida que a cada elegido le iba llegando su hora de pasar el testigo al siguiente, su cuerpo se iba descomponiendo y desintegrando. Seguían siendo inmortales pero, al dejar de ser elegidos, su cuerpo recibía todos los años que había vivido sin envejecer de golpe. Sólo quedaba de ellos su espíritu, la manifestación no corpórea. Condenados a vagar por toda la eternidad en los lugares más indeseados y olvidados de la creación.

Grace siempre creyó que era una desgracia formar parte de su familia. Nacer con el destino escrito y no poder hacer nada. Pero hay más... Durante sus innumerables juventudes Grace conoció a innumerables generaciones de humanos y también lo conoció a él. Las vio morir a todas y lo vio morir a él. Sin siquiera tener el consuelo de reunirse algún día con él. Oswald.

Hacía tiempo que ya no era elegida. Hacía tiempo que nadie lo era porque Grace se negó a tener descendencia. No quería condenar a nadie más a sufrir lo que ella había sufrido. Sólo le quedaba una cosa por hacer. Madre le había prometido que si la ayudaba a triunfar, la magia negra la ayudaría a encontrar su ansiado descanso eterno. Sin embrago,  a medida que pasaba el tiempo se iba dando cuenta de que era imposible. De que la estaba engañando como engañó a Gunther. Después de todo, si no se puede resuciatar a los muertos ¿cómo se van a poder matar a los inmortales? Su único consuelo, pues, era ver destruido y reducido a polvo ese mundo que en otro tiempo había tenido la obligación de proteger.

Cerró la ventana. La llamaban. Era la hora.